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Això va de pressa. La voluntat explicitada de reformar el reglament del Parlament de Catalunya per abreviar de manera gran el procediment per debatre i aprovar lleis i fer-ho en la d ela desconnexió i la convocatòria del referèndum ha aixecat una certa polseguera, el representant de Catalunya si que es pot  Lluís Rabell ha dit ,fins i tot ,que  muntaran  “un pollastre descomunal”. Aquí van  tres opinions algunes clarament esbiaixades políticament però altra d’acadèmica.  En fi  aquí ho deixem

 

Esmena perillosa. Xavier Arbós. El País. 01.03

 

La reforma que es pretén restringeix el debat i el dret d’esmena dels diputats

Junts pel Sí acaba de proposar una reforma que em sembla preocupant: un canvi de l’apartat 2 de l’article 135 del reglament del Parlament. L’article citat es refereix a la tramitació d’iniciatives legislatives en “lectura única”. Aquesta expressió, pròpia del dret parlamentari, significa que es prescindeix del tràmit habitual que comporta dos debats: l’inicial en comissió i el que té lloc al final en el ple de la Cambra. En concret i en el que ens ocupa, l’apartat 2 actual disposa que les proposicions de llei signades “per tots els grups parlamentaris” poden ser tramitades en lectura única. Com que el signen tots els grups, és irrellevant quins d’ells dominen a la Mesa o a la Junta de Portaveus: tots hi estan d’acord. En aquestes condicions, la lectura única no perjudica la raó de ser dels parlaments: permetre el debat públic en el qual s’expressa el pluralisme polític que les cambres representen.

La proposta de modificació té un sentit diferent i preocupant. Si prospera el canvi de l’apartat 2, el nou permetrà que, amb l’acord de la Junta de Portaveus i el del Ple de la Cambra, un sol grup parlamentari pugui aconseguir que una proposició de llei es tramiti directament en lectura única. Si aquest grup, sol o amb el suport d’algun altre, gaudeix de majoria a la Junta de Portaveus i al Ple, pot permetre’s el luxe de prescindir de l’oposició: sense esmenes ni debats en comissió, només haurà de suportar el debat de totalitat i fer prevaler la majoria dels seus escons.

És preocupant perquè es restringeix el debat i el dret d’esmena dels diputats. S’afecta així el dret fonamental de participació, inclòs en l’article 23 de la Constitució. És cert que el Tribunal Constitucional, en la seva sentència 27/2000, planteja que l’exercici del dret d’esmena pot acomodar-se al que disposin els reglaments sobre el procediment de lectura única. Però en el nostre cas la restricció per a l’oposició és evident. Especialment greu, a més, si, com s’intueix, aquesta modificació pretén utilitzar-se per aprovar les lleis de desconnexió. I aquí s’obre un risc perillós per a la societat catalana, perquè amb aquest tipus de lectura única es retallarien les oportunitats d’expressar-se als diputats oposats a la secessió unilateral. Es redueix la legitimitat que proporcionen els debats, fet que no reforça l’impuls per saltar-se la legalitat.

 

Golpe parlamentario. Joaquim Coll. Crónica Global. 01.03

El lunes JxSí presentó una propuesta de reforma del reglamento de la Cámara catalana con el fin de permitir la aprobación exprés de la llamada ley de transitoriedad jurídica. La mayoría separatista se propone romper con la legalidad constitucional española en un solo día, en dos actos, sin dar tiempo a reaccionar al Tribunal Constitucional, ahorrándose el enésimo incidente de ejecución, y saltándose todos los controles democráticos parlamentarios. Una vez que esa polémica reforma del reglamento haya superado todos los trámites y se haya aprobado el texto final en comisión, lo que puede completarse perfectamente antes del mes de junio, solo faltará que el pleno ratifique ese cambio por mayoría absoluta cuando la Mesa del Parlament y la Junta de portavoces decidan incorporarlo en el orden del día. Lógicamente eso no ocurrirá hasta el preciso momento en que a los partidos separatistas les convenga, el día que tengan decidido sacar adelante la ley de “desconexión”.

El mecanismo será el siguiente: tras aprobarse en el pleno del Parlament la modificación del reglamento, el portavoz de JxSí, Jordi Turull, pedirá la palabra para proponer un cambio en el orden del día y poner a votación en “lectura única” dicha ley con el apoyo de la CUP. Así pues, en un mismo día se modificará el reglamento, sin dar tiempo a que sea recurrido por los partidos de la oposición, y, acto seguido, por la vía de urgencia, se aprobará el nacimiento de un nuevo poder constituyente sin que el Gobierno español ni el Tribunal Constitucional puedan hacer nada para evitarlo.

Algo nunca visto en la historia del parlamentarismo y que refleja hasta qué punto el separatismo no puede avanzar sin llevarse por delante el Estado de derecho. El diputado de CSQP Joan Coscubiela, pese a ser partidario del derecho a decidir, denunciaba ayer mismo en Twitter que “el camino hacia el referéndum en ningún caso puede pasar por la degradación del Parlament y la vulneración de derechos democráticos”. Por ahora los de JxSí dicen, contaba ayer el diario Ara, que este es solo el plan B, que primero intentarán sacar adelante la “desconexión” por la vía ordinaria. Sin embargo, no hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que tratan de no alarmar. De ahora hasta el verano van a pasar suficientes cosas, desde el juicio a Carme Forcadell hasta la probable inhabilitación de Artur Mas y sus antiguos compañeros de Govern, para que los partidos separatistas encuentran la excusa que justifique ese tremendo golpe parlamentario con el argumento de que tienen que “dar respuesta a esos ataques del Estado”, como ya están advirtiendo.

Si hasta ahora estamos instalados en una guerra de atrición, de desgaste, sumamente tediosa, el separatismo se dispone dentro de pocos meses a realizar su particular guerra relámpago para crear la ficción de que, efectivamente, la Generalitat ha desconectado de la legalidad constitucional española. Saben que el referéndum no van a poder celebrarlo, pero su objetivo es provocar algún tipo de medida coercitiva del Estado, con la participación de la policía, que satisfaga su deseo de victimización. El golpe parlamentario que se avecina es el preámbulo de un verano al rojo vivo que ponga las condiciones de humedad y temperatura para la segunda vuelta electoral que busca el separatismo. Ahí vamos.

 

Desconexión unilateral. Gabriel Colomé. El Confidencial.03.03

 

Los independentistas catalanes han decidido aplicar el manual de Brumario de Bonaparte y convertir la política catalana en un juego de realidad virtual. A este ritmo, el patrón de Cataluña dejará de ser Sant Jordi para otorgar este honor a Salvador Dalí.

El bloque secesionista ha decidido proclamar la república por la vía directa, de hecho, con opacidad, alevosía, sin debate y sin tener los votos populares necesarios ni los diputados posibles para hacerlo. Lectura única en el Parlament y punto.

El argumento es que es una práctica parlamentaria habitual en otros parlamentos. Cierto. Pero ¿para proclamar la república votando la secesión de Cataluña de España? ¿Por imposición?

Vayamos por partes. La famosa ley de transitoriedad que nadie ha visto, salvo sus autores, segundo secreto mejor guardado después de la fórmula de la Coca-Cola, no es más que la desconexión unilateral de independencia, es decir, proclamar la república con 72 diputados y el 48% del voto popular. ¡¡Bravo!!

Para reformar el Estatut o aprobar la ley electoral, se necesitan 90 diputados, dos tercios del Parlament. En esta lógica, la secesión es un artículo más barato en el mercado político que las leyes del antiguo régimen del Estado de derecho español. Ese pobre enfermo de baja calidad democrática.

El asombro empieza a tomar forma cuando se comprueba que el famoso referéndum de autodeterminación se convocará una vez proclamada la república. Y la pregunta es, ¿no debería celebrarse antes el referéndum que la declaración unilateral de independencia? No, por favor. El referéndum se convoca con la nueva legalidad.

Segunda pregunta, ¿el referéndum no es para votar la independencia sí o no, sino para ratificar la república proclamada? El referéndum es de ratificación, ya que no hay vuelta atrás una vez dado el paso secesionista. ¿Y si el resultado fuera negativo? Incógnita. Complicado es entender la lógica interna del procesionismo, como diría el Maestro Yoda.

Solo para aclarar conceptos. En lógica democrática, ¿no sería correcto convocar el referéndum y, con el resultado en la mano, si sale vencedor en voto popular el sí, proclamar la república? Hacerlo al revés invalida el propio referéndum.

Pero, visto lo visto, va a ser que no. El argumento del bloque independentista se ha basado en el referéndum como mantra. Referéndum igual a democracia. No se deja votar al pueblo. Quien no deja votar no es un demócrata. Votar es decidir y decidir es a través del referéndum.

La verdad es que el derecho a decidir lo ejercemos desde 1977 en todas las elecciones. Y las elecciones del 27 de septiembre de 2015, proclamadas como ‘plebiscitarias’ y con un lema definitivo, ‘El voto de tu vida’, fueron como fueron y el resultado fue claro. Un 48% bloque independentista y un 52% bloque no independentista (unionistas, federalistas, confederales). A partir de esa noche, los magos del procesionismo cambiaron los parámetros para convertir una derrota en un mandato democrático y parlamentario. Interesante la adaptabilidad de los materiales de la independencia.

Pero lo más asombroso y preocupante es que la ignota ley republicana debe contener las normas electorales. Hasta el día de hoy, Cataluña no tiene ley electoral propia y desde 1980 se rige por la Loreg. Una vez proclamada la independencia, la ley republicana debe contener los apartados de la administración electoral, por ejemplo la Junta electoral, urnas, colegios e incluso podría contener los distritos, número de diputados y fórmula electoral. Porque después del referéndum, serán convocadas unas elecciones constituyentes. A día de hoy, la transparencia, la participación ciudadana, la revolución de las sonrisas y la democracia en estado puro han pasado al limbo virtual.

Más que asombro, la palabra correcta debería ser preocupante. Preocupante que el bloque independentista actúe a espaldas del Parlament, de los ciudadanos, y se arrogue la representación de la sociedad catalana quiera o no la independencia. Sí, Napoleón Bonaparte sería feliz en Cataluña.

 

 

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