D’altres fonts (XVI)

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Tensió entre els partits de la majoria parlamentària. Declaracions contradictòries, picabaralles sobre com executar la logística del referèndum.

Al voltant de com seguir el procés s’han generat dubtes i algunes contradiccions entre el que diuen els dirigents del sobiranisme.

Aquets article de Joan Tapia sembla prou interessant per desvetllar alguna de les situacions que s viuen.

¿Pueden desistir del referéndum?. Joan Tapia. El Confidencial. 12-04

 El ‘president’ Puigdemont, que en los últimos días ha viajados dos veces a Estados Unidos, la última para ver al expresidente Carter (sin que haya trascendido foto del encuentro), afirmó este lunes en Catalunya Radio: “Hallaremos la forma de hacer el referéndum”. Desmentía así los rumores de que la Generalitat analizaba la posibilidad de renunciar al referéndum. O de aplazarlo. Aunque no lo hizo con convicción, porque implícitamente admitía que, hoy por hoy, no sabe cómo podrán hacerlo.

Desde esta columna, he repetido que estamos ante un conflicto político de imposible resolución en los tribunales, lo que, en su discurso de despedida, avaló Francisco Pérez de los Cobos, presidente del Tribunal Constitucional, hace unas semanas. Pero ante la decisión de la Generalitat de convocar un referéndum unilateral de autodeterminación, el Gobierno, para evitarlo, se ha visto en la necesidad de utilizar todos los medios jurídicos a su alcance. Desde recurrir al Tribunal Constitucional (TC) las disposiciones de los Presupuestos de la Generalitat que habilitan fondos para ese referéndum; e instar al TC a que notifique a los ‘consellers’, y a algunos altos cargos, que se trataría de un acto delictivo con consecuencias penales; o iniciar una causa contra la presidenta del Parlament por haber permitido la votación de una resolución soberanista ignorando una orden previa del TC, hasta las investigaciones de la Fiscalía sobre empresas contratadas para implementar las ”estructuras de Estado”.

Y esta firmeza (el ‘agit-prop’ la califica de intolerancia) hace muy difícil la celebración del referéndum prometido para antes de final de año. Desde hace algún tiempo, y en privado, dirigentes de Junts Pel Sí (JxS) admitían que el referéndum se convocaría, que se intentaría por todos los medios poner las urnas pero que era muy posible que al final no se pudiera celebrar. Se trataría entonces de articular un nunca confesado plan B: resistir un tiempo el embate del Gobierno y luego, tras una renuncia dramatizada, convocar inmediatamente elecciones exigiendo el voto para las candidaturas separatistas, ya que el Gobierno español —preso de su autoritarismo— no habría dejado votar a los catalanes sobre el futuro que deseaban. Esperando así que —ante lo que buena parte de la opinión pública vería como un atropello— los resultados superaran el 47,8% de las elecciones plebiscitarias de 2015 y se lograra —con más del 51% de los votos— mayor legitimidad ante la propia población catalana, el Gobierno de Madrid y la prensa internacional.

Pero este plan B, que no se podía explicitar por razones obvias, tiene muchos inconvenientes. El primero es que parte de aceptar un fracaso. El independentismo no habría sido capaz de llevar a cabo lo prometido con insistencia. El segundo es que rompería el pacto con la CUP de ‘referéndum o referéndum’ y el frente independentista saltaría por los aires. El tercero es que la creciente desconfianza entre los exconvergentes del PDeCAT (bastante divididos y desorientados tras la pérdida de liderazgo de Mas) y ERC, que caracolea en las encuestas, hace que nadie quiera aparecer como el culpable de la renuncia al referéndum.

Se cree que el que primero dé marcha atrás puede perder el apoyo del ‘núcleo duro’ del separatismo. Nadie quiere ese papel, y la desconfianza mutua dificulta una decisión compartida. El plan B tiene además la pega de que su venta al electorado independentista es más difícil sin la repetición de una lista conjunta de convergentes y republicanos, cosa que hoy parece imposible.

Todo se ha complicado más porque, ante el intenso cerco judicial y la ausencia de movilizaciones contra la sentencia de Mas —Puigdemont las esperaba, pero la ANC no las ha convocado porque la imagen del ‘expresident’ ha salido ‘tocada’ del juicio del Palau de la Música—, hay quien en los medios dirigentes del PDeCAT y ERC empieza a interrogarse no ya sobre si se podrá hacer el referéndum sino incluso sobre la posibilidad de convocarlo. Y la posible rebelión de los funcionarios públicos que no quieran quebrantar la ley —o no se atrevan— es un gran motivo de preocupación. Ahora no se puede volver como el 9-N de 2014 a recurrir a los voluntarios, y todo se ha complicado cuando el Consell de Garanties Estatutàries, una especie de Tribunal Constitucional catalán, y los propios letrados del Parlament ya avisaron —antes que Madrid— de la inconstitucionalidad de las partidas para un referéndum no pactado.

Se sabe que ha habido reuniones secretas entre el PDeCAT y ERC para discutir la viabilidad del referéndum prometido y que —no sin tensiones— se ha concluido que la marcha atrás es imposible y que hay que seguir exigiendo con el máximo de ruido y apoyos, internos y externos, un referéndum pactado y —contra el deseo de la CUP— dejar para septiembre el momento de la verdad de convocar el referéndum unilateral. Se trata de ganar unas semanas antes de tener que elegir entre el bochorno de tener que frenar el tren y la imposibilidad de seguir adelante. Esperando que mientras antes del verano haya un milagro favorable. ¿La condena de Forcadell, presidenta del Parlament?

Y un detalle que revela el desconcierto y las fuertes desconfianzas entre los socios de JxS fue revelado ayer por el diario ‘Ara’, leído por las clases medias neoindependentistas. Según ‘Ara’, el vicepresidente Oriol Junqueras, líder de ERC, habría indicado verbalmente a la Consejería de Gobernación, al frente de la cual está Meritxell Borràs, del núcleo duro de la antigua CDC, que comprara las urnas necesarias para el referéndum, pero Borràs habría exigido una orden por escrito. ¿Quiere Borràs cubrirse, o busca que Junqueras —sobre el que Puigdemont ya descargó la responsabilidad de organizar el referéndum— pueda quedar comprometido o inhabilitado como Artur Mas?

En todo caso, Junqueras dijo hace poco que sería todo el Govern el que, colegiadamente, convocaría el referéndum, y ayer la portavoz Neus Munté —que puede ser la candidata del PDeCAT en las próximas elecciones— no quiso detallar quién firmaría la convocatoria, con lo que estaba —de forma clara— marcando distancias con el vicepresidente y líder de ERC.

Y las dudas sobre la estrategia independentista ya no son solo rumores sino que han sido expuestas por altos cargos del Gobierno de Artur Mas. Muy significativo es el artículo publicado —también en el ‘Ara’— el domingo 2 de abril por Andreu Mas-Colell, ‘conseller’ de Economía de Artur Mas. Desde que dejó la ‘consellería’, Mas-Colell, de quien es tan conocida su convicción independentista como su realismo y su disgusto ante el pacto con la CUP, ha sido muy cuidadoso. Sin embargo, en el artículo reconoce que Cataluña está dividida en dos mitades, una a favor de las tesis del Estado y otra, de las de la Generalitat.

Para Mas-Collell, acabará venciendo la parte que mejor sepa convencer al sector menos militante de la otra. La que primero consiga seducir a un 5% de los contrarios. Cree que con su política actual, el Gobierno del PP no gana posiciones pero tampoco las pierde. Y aunque es ácido con las promesas de Rajoy sobre infraestructuras (“es ridículo que el Gobierno central transmita el mensaje de que hacen falta cinco manifestaciones de un millón de personas para poner trenes en las vías”), sí reconoce que sería positivo que se lograra que la Agencia Europea del Medicamento, que debe abandonar Londres por el Brexit, acabara recalando en Barcelona.

Luego, midiendo sus palabras, confiesa reservas ante la estrategia independentista: “Con respecto a la Generalitat, expreso inquietudes. Siempre he creído que es peligroso poner las fechas y los términos por encima del objetivo de ampliar el apoyo [al catalanismo soberanista]”. Y sigue: “Nos guste o no a los ya convencidos, hay ciudadanos que aún no lo están y que querrían dar al Gobierno central un margen de tiempo y de flexibilidad para corregir la situación.
No se sumarán a la posición de la Generalitat si perciben, con razón o sin ella, que no se dan oportunidades suficientes para esa corrección. Cada uno tiene su ritmo y el derecho a vivir su propia experiencia de mano extendida y decepción por la que muchos ya hemos pasado. ¿Qué sería una ‘oportunidad suficiente’? Hay ideas. Pero las relevantes son las suyas, las de este 5% que todavía no ha dado el paso y que necesitamos. Se lo tendríamos que preguntar”.

Mas-Collell viene a decir que la aceleración independentista es un error y que la clave no está en contentar a los convencidos sino en atraer a los que todavía no lo son, dudan o sueñan con una especie de tercera vía. ¿Se puede hacer eso con la ANC y con la CUP presionando cada día?

Y lo relevante es que expresa el estado de ánimo de muchos dirigentes de la antigua CDC. En este sentido, es significativo que Boi Ruiz, ‘conseller’ de Sanidad con Artur Mas y que tuvo que soportar grandes críticas de la CUP, haya decidido fichar por el partido Lliures, que encabeza Antoni Fernandez Teixidó, exdirigente de CDC, en otro tiempo muy próximo a Artur Mas y a David Madí, y que ha roto con su antiguo partido para fundar otro de signo liberal y catalanista no independentista.

En el independentismo hay quien ya expresa en voz alta lo que hasta hace poco se susurraba. Que Artur Mas se precipitó y que la ‘independencia exprés’ puede ser una apuesta equivocada y perdedora.

 

 

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